25.6.12

Recuerdos de niña...








14/12/2009

Hoy es el día más frio de este otoño casi invierno. En este momento oigo en la tele que están 6º. Estoy sentada al ordenador tentando escribir unos textos para un día publicar, pero de repente mi pensamiento vuela, vuela para bien para lejos.

Bien lejos en el tiempo cuando iba pasar las vacaciones de las Navidades en la casa de mis abuelos en el norte de mi país. Me acuerdo que hacía mucho frio y nos sentábamos alrededor del fuego en la cocina. Mis tías llegaban con la leche que habían retirado de las cabras y de las ovejas y mi abuela empezaba de seguida a preparar los quesos. Colocaba al lado del fuego la leche y salía afuera de la casa y traía algo en las manos que echaba dentro de la leche. Supe más tarde que iba a buscar cardo y con eso hacía cuajar la leche. Cuando la leche quedaba cuajada empezaba a hacer los quesos.

Todas las noches era el mismo ritual, todas las noches. Después íbamos todos para la mesa a cenar.

No había luz eléctrica en aquel tiempo, (desgraciadamente en el día de hoy hay muchas aldeas que todavía no tienen electricidad) y eso hacía con que se sentían muchos silencios. Me acuerdo que nadie decía si la comida estaba bien si estaba mal…Todos comían en silencio. Era de muy mala educación hablar mientras se comía.

Les voy a contar un secreto, yo comía siempre distinto porque yo era una niña de ciudad y tenía otras costumbres y mi madre siempre decía a mi abuela lo que me gustaba y lo que yo estaba acostumbrada a comer. Bueno lo que más me gustaba era bistec o chuleta con patatas fritas. Pero había un problema grave, muy grave, es que mi abuela fritaba las patatas en aceite de oliva y no me gustaba nada.

Después de cenar una tía leía el periódico para mi abuelo que no sabía leer y todos oíamos las noticias y antes de dormir todos rezábamos el rosario. Mi abuelo hacía aguardiente y pasaba muchas horas del día y parte de la noche sentado cerca del alambique, probando el aguardiente de madroño y dando a probar a quién aparecía. Como me encantaba comer los madroños. Las ramas del arbusto servían para alimentar el ganado y los frutos eran para comer y hacer aquella bebida.

Tiempos muy felices y de libertad que siempre los estaba añorando y volvía pasado unos meses para pasar mis vacaciones de verano.

Bueno ya regresé del vuelo voy a seguir escribiendo…



2 comentários:

Sor.Cecilia Codina Masachs disse...

Mi querida Flor, tienes un premio en mi blog, que me agradaría que lo tuviese-
Con ternura
Sor.Cecilia
MIRA AL PRINCIPIO DE POST QUE TE DICE CÓMO LLEVÁRTELO
CON TERNURA TE DEJO MIL BESOS
SOR.cECILIA

Isidro Jesus Cedrés González disse...

Amiga Flor, que buenos eran aquellos tiempos.
A mi también me gustan los madroños cuando están bien maduros. Tengo tres matas de ese árbol. Los míos son poco fructíferos,
Ahora es la época de las ciruelas, duraznos y damascos; es el momento de recoger sus frutos, aunque son minúsculos; esta mañana estuve cogiendo ciruelas negras..
Un abrazo flor de Lisboa.
Isidro.